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CUSCO INOLVIDABLE

Martes 16 de septiembre de 2014

CUSCO INOLVIDABLE

Todo comenzó en los días previos al viaje, días de mucha expectativa, emoción e incertidumbre; reuniones, preparativos y discusiones; padres y madres preocupados por nosotros; en fin, mucho ajetreo.

Finalmente, un jueves veintidós de mayo a las dos y media, con veinte largos minutos de retraso y una despedida muy emotiva, comenzamos el esperado viaje. Mareos, una sorpresita de aroma primaveral, emoción, risas, cantos y sobre todo mucha desesperación por llegar, fueron nuestros compañeros de viaje en los buses.

Muy de madrugada llegamos a nuestro cálido y acogedor hotel, el cual tuvimos que abandonar después de un breve descanso para descubrir la ciudad de Cusco. Llegamos primero a La Plaza de Armas, custodiada por el inca Pachacuti y rodeada por hermosas iglesias.


Después de una primera degustación de la comida local condimentada con mucho apetito, visitamos templos cristianos, con figuras que nunca se repetían, construidos sobre templos incas antisísmicos e impermeables al tiempo. Por la tarde transitamos por los senderos de una gran cabeza de puma, con laberintos subterráneos y resbalines tallados en piedra, y en Quenqo descubrimos refrigeradores ecológicos.

Al día siguiente, después de un reparador descanso, hicimos un largo viaje a una de las ciudades más místicas del planeta: el asombroso e indescriptible Macchu Picchu. A través de sus calzadas realizamos caminatas agotadoras, pero recompensadas con contrastes de colores; una arquitectura que desafiaba al tiempo y que imitaba el orden de las estrellas. Cambios de perspectiva que podían cambiar todo el paisaje y hasta develar un rostro oculto. Descubrimos también terrazas agrícolas capaces de acabar con el hambre de todos sus habitantes, y piedras que hacían que las brújulas perdieran el norte. Finalizamos el día con una merecida y suculenta pizza.




Al día siguiente encontramos quirquinchos de miles de años de edad, inagotables fuentes de agua cuyo origen aún permanece oculto. Después visitamos Ollantaytambo, donde subimos peldaños agotadores, empinados e infinitos. Al finalizar el día llegamos todos a Moray, excepto un zapato que siguió su propio camino. Moray era un laboratorio agrícola gigantesco hecho con un gran compás y escuadras; al llegar al centro, construimos todos juntos una gran foto que no olvidaremos.





La última noche la cerramos enseñando morenada a peruanos y turistas, y un compañero no pudo evitar la flecha de Cupido. Finalmente, retornamos a nuestra querida ciudad, justo para felicitar a nuestras mamás por su día.

Alumnos de 4ème

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